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India

La alimentación de la India es claramente deficiente en cantidad. La mitad de la población sufre de desnutrición. Esta deficiencia se distribuye de forma desigual y varía considerablemente según la región y según la clase social. Una centena de distritos sufre de desnutrición intensa bordeando la penuria. Sin embargo, el Gobierno tiene almacenados millones de toneladas, de lo cual una buena parte se pudre bajo lonas y el país ¡exporta alimentos! Esto es porque una parte de la población no tiene los medios financieros para comprar lo que necesita.



La alimentación es igualmente defectuosa en calidad, principalmente vegetariana; el consumo de carne y pescado sigue siendo bajo. La dieta básica se compone de cereales y legumbres. El consumo de frutas y verduras frescas equivale apenas a dos tercios del promedio mundial.

El Gobierno trata de satisfacer las necesidades básicas de las clases más pobres mediante un sistema de racionamiento y de suministro de alimentos de forma gratuita o a precios muy bajos. La palabra clave es la seguridad alimentaria. La Corte Suprema ha declarado que el derecho a la alimentación es un derecho fundamental comprendido dentro del derecho a la vida, el cual está consagrado en la Constitución.

Las necesidades de alimentos aumentan por el crecimiento demográfico y por el aumento gradual en el consumo individual. India representa el 16% de la población mundial, pero ocupa sólo el 2,5% de las tierras emergidas. De la superficie total de 330 millones de hectáreas, sólo el 45% se cultiva y el 11% lo es a doble cosecha. La tierra cultivable se ha incrementado sustancialmente en los últimos cincuenta años. Las posibilidades futuras de crecimiento son reducidas, por cuanto las tierras restantes son en gran parte bosques, desiertos o espacio residenciales. Al contrario, 6 millones de hectáreas cultivadas se han convertido para satisfacer las necesidades de vivienda en las regiones vecinas de ciudades o para la extracción de minerales, la construcción de grandes represas o la instalación de nuevas fábricas durante los últimos 15 años. 15% de las tierras se volvieron incultivables, al menos temporalmente, por el uso excesivo de fertilizantes químicos. Ante este problema de escasez de la tierra, algunas empresas comienzan a comprar tierras arables en África.

En este contexto, la adquisición de tierras de cultivo para otros fines merece atención. En algunos casos, en efecto, los propietarios seducidos por los precios interesantes vendes sus tierras. Pero, en general, la adquisición de tierras se realiza por vía de una expropiación forzosa en beneficio de una empresa pública, mixta o privada, que el Estado atrae ofreciéndole el suelo. Pero esta operación es fuente de problemas. El avalúo de la tierra no se lleva a cabo sobre bases correctas, el precio de la oferta es inferior al precio de mercado y obliga a los interesados a asumir las costas de un litigio. En todos los casos, las personas pierden sus hogares y sus medios de subsistencia, sin mencionar el valor sentimental asociado al apego a su tierra ancestral. Las organizaciones no gubernamentales abogan por la rehabilitación de los expropiados mediante la oferta de un empleo en el proyecto de desarrollo, o de un terreno agrícola de igual valor en los alrededores. El Gobierno elaboró un proyecto de ley que modifica la ley de expropiación forzosa de 1894, la cual ha experimentado pequeñas reformas, siendo la más reciente de 1984. Su preocupación consiste en poder adquirir con facilidad los terrenos necesarios. Sin embargo, este proyecto tiene mucha oposición porque no protege suficientemente los intereses de los propietarios. Su consideración, que es necesaria, aumentaría el precio de la tierra y, en consecuencia, el costo del proyecto.



Además de las tierras, la agricultura requiere agua. 52% de las tierras cultivadas son irrigadas a partir de las represas o de estanques, el resto depende del agua de lluvia. El país recibe un promedio de 1,100 metros cúbicos de agua por año. Pero la precipitación es muy desigual, solo llega a 100 mm en el noroeste del país, mientras que en el noreste alcanza un récord de 10.000 milímetros. Además, el 16% de las aguas pluviales se evapora. Así, un tercio del país es seco, y la mitad de este tercio es casi desértica. Las precipitaciones son muy irregulares, variando de 1 a 5 en la misma región por los caprichos del Monzón, creándose una alternancia entre sequía e inundaciones.

La India compensa la falta de lluvia y de irrigación mediante el bombeo de aguas subterráneas, pero el nivel de éstas se reduce 30 centímetros por año. Conviene dar marcha atrás. La única esperanza es la existencia de procesos de riego más económicos, pero esto requiere un equipamiento y un cambio en las prácticas agrícolas. El Gobierno concede subvenciones para equipamiento y ofrece capacitación a los agricultores interesados. Sin embargo, éstos no manifiestan aún mucho entusiasmo. Además, los procesos tal como existen no son adecuados para todos los cultivos, como por ejemplo el arroz inundado y los encierros de palma de betel.

Con todos estos datos, la India ocupa el segundo lugar en producción agrícola. Una parte de la cosecha, estimada en 30%, se pierde por las malas condiciones de pilado (descascarillado) y de almacenamiento. La agricultura ocupa 52% de la mano de obra y contribuye en un 10% al producto nacional bruto. 75% de la tierra está sembrada con cereales. Gracias a lo que se denominó una “revolución agrícola”, que consistió en el cultivo de nuevas tierras y mejores métodos de cultivo, la India, que importaba productos alimenticios en 1950, satisface la demanda desde 1980 e, incluso, la supera. Pero se espera que la demanda crezca progresivamente y que se diversifique.

En la actualidad, la India está en medio de una aguda crisis agrícola, que provoca que los agricultores se suiciden (en promedio 10.000 por año). Ante la imposibilidad de vivir de la agricultura, todo un pueblo en el estado de Punjab fue puesto en venta. Las causas de la crisis son muchas: la pequeña dimensión de las propiedades, los costos crecientes de funcionamiento (electricidad, agua de riego, fertilizantes químicos), la ineficacia progresiva de los plaguicidas, la sobrepoblación rural, los precios de los alimentos demasiado bajos y variables, la competencia internacional provocada por la política de libre comercio de alimentos fuertemente subvencionados en los países exportadores… La falta de rentabilidad, junto con la elevada tasa de interés de los préstamos de dinero, que causa un endeudamiento permanente y creciente. Los agricultores que no pueden afrontar la situación recurren al suicidio (55% de los agricultores en estado de deuda). Sólo el 10% de los agricultores están cubiertos por el seguro de cosechas. Estas causas se ponen en acción de manera diferente según los Estados, a causa de la pluviosidad, la educación, la demografía y los cultivos sembrados. La crisis es especialmente grave en el estado de Maharastra, importante productor de algodón, y en los estados limítrofes de Karnataka y Andhra Pradesh.

El Gobierno está tratando de ayudar a los agricultores en desgracia de varias formas: distribución de semillas seleccionadas, control del precio de los fertilizantes, compra de cosechas para el almacenamiento a un precio mínimo. Pero los agricultores no están, en general, satisfechos con el precio establecido. El Gobierno procede periódicamente al perdón total o parcial de la deuda. La última medida que data del 2006, garantiza a toda familia que lo solicite, un trabajo remunerado durante 100 días. Sólo que esta política, que ofrece un salario por un trabajo relativamente sencillo, aleja a los trabajadores de las tareas agrícolas y crea, con ello, un nuevo problema que consiste en la falta de mano de obra o en el aumento de salarios.

Los agricultores reclaman ayudas a la producción, más que ayudas al consumo, practicadas por el Gobierno. Se trata de un problema importante y complejo. La ayuda al consumo deprecia los alimentos y tiende a bajar los precios de forma desfavorable para los agricultores. La ayuda a la producción podría permitir a los agricultores la venta de sus productos a un precio inferior, consiguiendo, a la vez, una ganancia suficiente. Sin embargo, los precios de los bienes esenciales nunca podrían llegar a un nivel tan bajo como el dado por el Gobierno a los estratos más pobres de la población. Este precio es uno de los puntos esenciales de la propaganda electoral, sobre el cual los partidos ofrecen cada vez más. Por lo tanto, el cambio de política solicitada por los agricultores no tiene ninguna posibilidad de realizarse. Continúa siendo cierto que el Gobierno se ha comprometido de una manera que afecta necesariamente a los agricultores. Por otro lado, la agricultura india necesita protección ante la competencia de países que subsidian su agricultura. El Gobierno debe encontrar una solución a corto plazo que permitirá a la agricultura salir de su crisis actual. Aunque el Gobierno Federal tome medidas en el sector agroalimentario, los detalles de la política varían según los Estados federados (que son 28).




El camino de salvación sostenible parece ser una segunda revolución verde, que aumentaría significativamente los rendimientos y reduciría el costo de retorno. Todavía existen muchas posibilidades: una mejor protección de las cosechas, un mejor uso de la tierra y la creación de especies más eficientes en agua, de crecimiento más rápido y más resistentes a las enfermedades y a los insectos. Se están realizando investigaciones en todas estas direcciones. Existe un Consejo Nacional de Investigación Agrícola, presidido por el Ministro de Agricultura, que orienta 50 universidades agrícolas y 100 institutos.

Los progresos técnico-agrícolas que pueden razonablemente esperarse son susceptibles de provocar un descenso en el costo de producción, benéfico para los agricultores. Pero también dará lugar a un aumento de la producción que la población no está económicamente en posibilidad de absorber. Los agricultores deberán entonces contar con las exportaciones, marcadas por las fluctuaciones de precios. La agricultura ha sido desde siempre un juego de azar y continúa siéndolo.




Bibliografía sugerida:  ACHARYA, S. S. (2001), Sécurité alimentaire et nouvelle politique agricole en Inde, Tiers-Monde, Volume 42, n° 165, p. 129;  DORIN, B., LANDY, F. (2002), Agriculture et alimentation en Inde – Les vertes années (1947-2001), Paris, INRA;  ETIENNE, G. (1966), L’agriculture indienne ou l’art du possible, Paris, PUF.

DAVID ANNOUSSAMY

Véase también:AgriculturaColonizaciónConsumoDerecho a la AlimentaciónSeguridad alimentaria.