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Patrimonio común de la Humanidad

Cierta doctrina en Derecho Internacional se ha interesado en la noción de Patrimonio Común de la Humanidad en el ámbito de los bienes ambientales y de la gestión de los recursos naturales. La expresión se refiere a los bienes, espacios o recursos comunes que no han sido objeto de apropiación por parte de un Estado; sobre los cuales se ejerce colectivamente un control en aplicación de tratados y convenios internacionales.



El concepto aparece a mediados del siglo XX, en un contexto político internacional muy particular (descolonización, bipolarización del mundo, surgimiento de las relaciones Norte-Sur). Se basa en las ideas de equidad, de justicia, de búsqueda de igualdad entre los Estados. La Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados, adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1974, año de lanzamiento del Nuevo Orden Económico Internacional, evoca el Patrimonio Común de la Humanidad en relación con los fondos marinos, demostrando que el concepto concierne principalmente el acceso a los recursos.
La aparición del concepto manifiesta, en realidad, la necesidad de cooperación internacional en el “interés común de la Humanidad”. Según Kiss, se busca “compartir mejor hoy y guardar para las futuras generaciones ciertas riquezas que disponemos hoy, pero que pueden desaparecer. Es, por lo tanto, una herramienta de regulación considerada como indispensable en un contexto de globalización del comercio y de la necesidad de desarrollar un orden económico internacional más equitativo. Aparte de la idea de compartir, lo fundamental de este concepto es que aquellos que viven hoy no son más que una parte de una cadena que no debe ser interrumpida”.

La dimensión transgeneracional es esencial. De hecho, esta figura no se refiere a un modelo único. El concepto de patrimonio común es cercano a la noción de las cosas comunes no apropiadas, cuyo uso puede ser regulado; no se refiere a una noción genérica que conlleva un régimen específico que asegure ciertas condiciones de conservación, de explotación y de acceso al recurso. Este concepto se dispersa en un cierto número de textos que organizan, en un modo específico, la cuestión del acceso y de la gestión del recurso. Sin embargo, a partir de los principios postulados por el embajador Pardo en 1967, pueden ser tenidos como denominador común, cierto número de elementos del régimen de los recursos así calificados: falta de apropiación nacional e instalación de una forma de propiedad común; patrimonio explotado con fines exclusivamente pacíficos; libertad de la investigación científica y acceso a los resultados; recursos explotados en el interés de la Humanidad, teniendo en cuenta las necesidades de los países pobres; explotación realizada con respeto de los principios y metas de la Carta, en el interés y por el bien de todos.

La primera aplicación de la noción de Patrimonio Común de la Humanidad concierne el espacio extra-atmosférico y las actividades de explotación que ahí se desarrollan (Tratado de las Naciones Unidas sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, del 27 de enero 1967). Asimismo, la idea es facilitar el acceso de ciertos países a estos recursos, poner en práctica un modo de “gestión más equitativa de las riquezas aún no apropiadas y facilitar así, el progreso” o el desarrollo (Ph. Kahn).

El Derecho del Mar, rápidamente citado como parte de este espacio común, también aplica el concepto de Patrimonio Común de la Humanidad. La Convención de Montego Bay (1982) establece en su artículo 136, que “la Zona [es decir, los fondos marinos y su subsuelo fuera de los límites de la jurisdicción nacional] y sus recursos son patrimonio común de la Humanidad”. En este sentido, en virtud del artículo 137, “Ningún Estado podrá reivindicar o ejercer soberanía o derechos soberanos sobre parte alguna de la Zona o sus recursos, y ningún Estado o persona natural o jurídica podrá apropiarse parte alguna de la zona o sus recursos. No se reconocerán tal reivindicación o ejercicio de soberanía o de derechos soberanos ni tal apropiación. Todos los derechos sobre los recursos de la Zona pertenecen a toda la humanidad, en cuyo nombre actuará la Autoridad. Estos recursos son inalienables”.

Por el contrario, la explotación de las riquezas del Antártico, en virtud del Tratado de Washington del 1º de diciembre de 1959, no se apoya en la noción de patrimonio común, a pesar de que el interés de la Humanidad de continuar con actividades exclusivamente pacíficas sí es mencionado. Las partes contratantes no renuncian a sus derechos de soberanía; simplemente se ponen de acuerdo sobre la naturaleza de la explotación y de las actividades orientadas hacia el desarrollo de la ciencia.

Por extensión, el término patrimonio común también se utiliza en un sentido más amplio (y también más vago), ligado a la noción de patrimonio cultural material. Se puede citar el ejemplo del patrimonio mundial protegido por la Convención de la UNESCO sobre el Patrimonio Mundial, Cultural y Natural, de 21 de noviembre de 1972, que considera que “ciertos bienes del patrimonio cultural y natural presentan un interés excepcional que exige se conserven como patrimonio mundial de la Humanidad entera”. Una relación similar se establece también en los textos que buscan proteger, esta vez, al patrimonio cultural intangible. La Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de 17 de octubre de 2003, se refiere así a “la voluntad universal y la preocupación común de salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial de la humanidad” y un Convenio Marco del Consejo de Europa sobre el valor del patrimonio cultural para la sociedad adopta un enfoque similar. Estas dos últimas herramientas son, sin duda, bastante cercanas a los arreglos institucionales ideados por Elinor Ostrom, cuya teoría establecía que, al lado de la gestión de los recursos realizada por el Estado o por el individuo, los grupos pueden organizarse colectivamente.




El nacimiento del concepto de patrimonio común fue aclamado como la realización de un “gran avance en el Derecho Internacional” (Ph. Kahn). El balance es probablemente más mesurado. El valor de los textos internacionales es, en cierto número de casos, declarativo. De manera muy simbólica, el concepto también pudo haber sido el punto de partida del Compromiso Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos, adoptado en 1983 por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), antes de ser finalmente dejado de lado como resultado de la afirmación expresa de los derechos soberanos de los Estados. En realidad, parece que tal como lo dijo Philippe Kahn, la noción encuentra más dificultades para impo-nerse en sectores que tienen grandes intereses económicos (espacio extra-atmosférico, fondos marinos…).




Bibliografía sugerida:  FLORY, M., Le patrimoine commun de l’Humanité dans le droit international de l’environnement, in Droit et Environnement, PUAM, 1995, p. 39;  KAHN, Ph., Les patrimoines communs de l’Humanité : quelques réflexions, in Les hommes et l’environnement – Quels droits pour le vingt-et-unième siècle ?, Études en hommage à Alexandre Kiss, éd. Frison-Roche, Paris, 1998, p. 308;  KISS, A.-Ch., La notion de patrimoine commun de l’Humanité, Recueil des Cours de l’Académie de droit international, 1982, II, Vol. 175, p. 99.

MARIE CORNU

Véase también:Carta de Derechos y Deberes Económicos de los EstadosCosas comunesRecursos Naturales.