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Mujeres | Instituto de Investigación en Derecho Alimentario
Índice analítico

Mujeres

El Informe 2010-2011 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre Las mujeres en la agricultura, consideró que las mujeres realizan el 66% de las horas trabajadas en la producción agrícola mundial, producen más del 50% de los alimentos, pero ganan sólo el 10% de los ingresos correspondientes a ese mismo sector, poseen menos del 2% de la tierra y reciben menos del 5% de los préstamos bancarios. La situación en África no es la mejor: las mujeres asumen más del 60% de la producción de víveres, mientras que sólo ocupan el 1% de la tierra, debido a restricciones de sus derechos de posesión, de explotación y de herencia de la tierra (en el continente, el derecho inmobiliario de 43 países –de un total de 48- se caracteriza por desigualdades en la adquisición y la propiedad de la tierra). Las mujeres tienen acceso al 10% de los fondos asignados a los pequeños agricultores y al 1% de los créditos totales para el sector agrícola. Finalmente, el documento señala que la jornada de trabajo de una mujer es 50% más larga que la de un hombre y pone de relieve el bajo índice de alfabetización de las poblaciones del sur del Sahara: 47% de los hombres son analfabetos, frente al 30% de las mujeres.



Este estado de la relación entre la mujer y la agricultura está particularmente bien ilustrado en Burkina Faso. A pesar del desempeño macroeconómico registrado en los últimos años debido a las sucesivas reformas, el país tiene un bajo nivel de desarrollo humano. La pobreza, aunque tiende a ser cada vez más urbana, sigue siendo abrumadoramente rural (52,3% en 2003 contra 51% en 1998) y las mujeres son más vulnerables debido a su falta de acceso a los insumos y recursos. Sin embargo, como en todas partes, se reconoció que la desigualdad de género es un problema tanto económico como social, constituyendo un obstáculo mayor en el desarrollo y la reducción de la pobreza. Eliminar la gran brecha entre los sexos en el proceso de desa-rrollo es un requisito para lograr un crecimiento económico sostenible, la reducción de la pobreza y los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Además, investigaciones han demostrado que si las mujeres tuvieran el mismo acceso a los ingresos de la explotación, a los servicios agrícolas y a la tierra, y si controlaran estos recursos y sus beneficios, la producción podría aumentar significativamente.

La Red “Mujeres en Acción” (Femmes en Action – RFA), presente en este campo desde 2003, abordó la cuestión de las mujeres y la agricultura en zonas rurales de Burkina Faso. Se explora la situación de las mujeres productoras y procesadores rurales y su contribución a los proyectos agrícolas y de seguridad alimentaria. También audita la implementación de políticas en el plano subregional. Burkina Faso también es miembro de varias organizaciones de integración (Unión Económica y Monetaria de África Occidental -UEMOA-; Comunidad Económica de los Estados de África Occidental -CEDEAO).

En el caso específico del acceso de las mujeres a la tierra, la Red señala que la igualdad de género en la gestión de la tierra rural está lejos de estar asegurada. Aparece como una expresión específica del problema general de acceso a la tierra. Las mujeres de las zonas rurales no poseen tierras. La mujer sólo tiene una porción de tierra para fines de explotación. En el contexto actual de la política de seguridad de la tierra en Burkina Faso, las disposiciones de la Ley 034, relativa al régimen inmobiliario rural, cuestionan el viejo principio del monopolio estatal de la tierra y reconocen, al lado de los derechos del Estado, aquellos de las colectividades locales y de los particulares. Las poblaciones rurales pobres también pueden, a través de un proceso local de certificación de tierras, hacer reconocer los derechos consuetudinarios que poseen legítimamente desde hace mucho tiempo, de forma individual o colectiva. Es interesante destacar que se prevén medidas de acción positiva para facilitar el acceso de las mujeres a la tierra. Existe así toda una dinámica de diálogo y consulta, en la cual se incluyen todas las partes interesadas a nivel local, que se dedican a la gestión del suelo.

Los efectos adversos del cambio climático también se han incrementado, acentuando aún más la vulnerabilidad de las mujeres en la agricultura. La degradación de los recursos naturales (lluvias irregulares, degradación de las tierras de cultivo, etc.) ha llevado a una disminución considerable en la producción agrícola. Dada su situación socioeconómica, las mujeres no tienen todas las posibilidades de adaptación a esta nueva realidad: problemas de acceso y uso de insumos (semillas mejoradas, fertilizantes), de acceso a los dispositivos de almacenamiento de agua de lluvia y a las técnicas para la rehabilitación de las tierras degradadas, de acceso a la información en materia de adaptación al cambio climático, así como a la información meteorológica…



En el ámbito del acceso a los conocimientos útiles para el desarrollo de la producción agrícola, se observa que las mujeres figuran en segundo rango después de los hombres. La mujer, productora agrícola, tiene una agenda muy cargada, especialmente durante el horario de la temporada de lluvias: además del trabajo de campo, debe llevar a cabo las tareas del hogar. La falta de tiempo limita su participación en las actividades funcionales de alfabetización. La radio comunitaria es un canal de información por excelencia, sobre todo en las zonas rurales. En los últimos años en Burkina Faso, se hacen muchos esfuerzos en este sentido para la producción y difusión de programas de radio sobre la agricultura, pero el exceso de trabajo y la falta de recursos financieros para adquirir un aparato receptor de radio, limita el acceso de las mujeres a las informaciones necesarias para desarrollar sus actividades agrícolas.

Del mismo modo, el acceso al crédito, con las condicionalidades que esto implica, es la principal fuente de dificultades para las mujeres, a partir del hecho de que estas últimas no siempre tienen la oportunidad de encontrar medios para garantizar los créditos: la mujer, en general, no es dueña de una propiedad que pueda ser dada como garantía cuando sea necesario. Los bienes inmobiliarios (la tierra, la casa de la familia), los materiales móviles (bicicleta, motocicleta, etc.) pertenecen en general a los cónyuges.

Por último, la falta de acceso a los equipos, a los insumos agrícolas y a las tecnologías es una limitación mayor para la productividad agrícola, especialmente para la realizada por las mujeres. Por ejemplo, el 96% de los hogares encabezados por mujeres que practican el cultivo de hortalizas utilizan equipos tradicionales (azadas), mientras que el 21,5% de los hogares encabezados por un hombre utilizan arados. (Fuente: Ministerio de Promoción de la Mujeres de Burkina Faso, 2009).

Las mujeres son actoras por excelencia de la transformación de productos agrícolas en Burkina Faso, en ausencia de las unidades e industrias modernas de transformación (la mayoría de las unidades agroindustriales fueron cerrados debido a la liberalización que se dio como resultados de la adopción de programas de ajuste estructural, impuestos por las instituciones financieras internacionales). Constituidas en cooperativas, redes, etc., ellas transforman los productos para darles valor agregado y comercializar productos terminados, listos para el consumo (cereales, oleaginosas, frutas, verduras, leche…). Durante la crisis alimentaria de 2008, las mujeres que se dedican a transformar el arroz jugaron un papel importante para el sector del arroz local: ellas compraron las producciones de sus esposos, afectadas por una caída en los precios debido a la inundación del mercado interno con producto importado.

El Gobierno y algunos colaboradores para el desarrollo apoyan a las mujeres que trabajan procesando alimentos y las ayudan a estructurarse mejor y a dotarlas de tecnologías más modernas para reducir las dificultades del trabajo y aumentar la productividad. Pero debe señalarse que algunas tecnologías puestas a disposición de las mujeres no están adaptadas, lo que las obliga a veces, a regresar a sus antiguos utencilios de trabajo. En los casos de éxito que han contribuido a volver un negocio más rentable, la actividad es recuperada rápidamente por los hombres que tienen mayores capacidades financieras. Además, las mujeres transformadoras tienen dificultades para disponer de lugares para la transformación y comercialización de sus productos.

La certificación de productos es cada vez más necesaria y las mujeres, dada su situación, no siempre disponen de los medios para certificar los productos. También, el embalaje es una preocupación de las mujeres que procesan alimentos, pues deben cumplir con las normas en vigor, a menudo con dificultad.

Las mujeres productoras y procesadoras de alimentos en Burkina Faso tienen las mismas restricciones que las mujeres que se dedican a otra actividad: la decisión de trasladarse para la promoción de las actividades agrícolas requiere el consentimiento previo del marido. Además, dado el alto nivel de analfabetismo, la mayoría de las mujeres no están al tanto de las oportunidades existentes para promover las actividades agrícolas en la subregión de África Occidental (eventos, disposiciones reglamentarias, etc.). Los mercados agrícolas locales todavía no están bien estructurados, de manera que existen deficiencias en la fijación de un precio remunerador, único y libre de especu-laciones. El aislamiento de las zonas de producción es también un obstáculo. A nivel subregional, en las rutas o caminos, a pesar de las disposiciones existentes (libre circulación de personas y de mercancías, adoptadas por la UEMOA), las mujeres experimentan todas las formas de extorsión y saqueos. Esto hace que sea difícil la movilidad y la promoción de los productos agrícolas en la subregión. En 2000, un arancel externo común (AEC) se estableció en los países miembros de la UEMOA para regular el comercio en este espacio. Este AEC, muy liberal, no favorece la protección de los mercados nacionales y es necesario estudiar el impacto de esta primera liberalización del comercio en los países africanos.

La redistribución del ingreso o de los productos del sector agrícola se da a menudo de manera desfavorable para las mujeres, haciéndolas más vulnerables a los efectos de la pobreza, por cuanto constituye, al mismo tiempo, el principal obstáculo para el empoderamiento de las mujeres (que es el tercer ODM). De hecho, en la familia, la mujer a menudo no es consultada acerca de la gestión de los ingresos procedentes de la actividad agrícola. Esta situación les impide disfrutar de su trabajo, decidir sobre la asignación de los ingresos y la reinversión de una parte de ellos en la agricultura, lo que es necesario para el desarrollo de sus proyectos.
Inspiradas por las sociedades tradicionales anteriores a la colonización o creadas por la Administración, las organizaciones campesinas de Burkina Faso han adquirido un nuevo impulso desde la liberalización económica, comercial y agrícola a inicios de los años 90. Después del retiro del Estado del sector productivo, las organizaciones de campesinos han sido promovidas por el Gobierno y por los socios técnicos y financieros, con el objetivo de lograr la transferencia de ciertas funciones que antes desempeñaba el Estado: suministro de insumos, asesoramiento y divulgación a las explotaciones, recolección primaria y comercialización de productos agrícolas, etc. Es en este con-texto que las mujeres productoras y procesadoras se reunieron en grupos, cooperativas o uniones para constituir organizaciones creíbles, capaces de participar en los debates sobre las políticas agrícolas. La Federación Nacional de Mujeres Rurales en Burkina Faso (FENAFER-B) es una de las organizaciones que reúnen mujeres rurales y agrícolas, constituida tras la toma de conciencia de las mujeres sobre la necesidad de organizarse y de ser solidarias para poder reafirmarse. El FENAFER-B es miembro de la Confederación Campesina de Faso (antena nacional de la Red de Organizaciones de Productores de África Occidental). Existen varias redes de mujeres procesadoras de cereales en el país y defienden los intereses de las mujeres en la transformación de los productos agrícolas y la comercialización. También debe destacarse la presencia de las cámaras regionales, que son instituciones públicas consulares y autónomas, gestionadas por los profesionales del sector agrícola. Debe reconocerse que dentro de estas organizaciones, la posición y la participación de las mujeres sigue siendo baja, por diversas razones (analfabetismo, aspectos socioculturales, débil poder económico, etc.). Esta situación no les permite comprender realmente los problemas políticos y defender sus intereses.

La CEDEAO adoptó en enero de 2005 su política agrícola (ECOWAP, en Inglés) tras una estrecha concertación con sus Estados miembros y con las organizaciones socio profesionales. Esta política regional es un punto central para la ejecución del componente agrícola de la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD, en inglés; véase también el programa detallado para el desarrollo de la agricultura africana – PDDAA) en la región. Su objetivo general es contribuir de manera sostenible a satisfacer las necesidades alimentarias de la población, el desarrollo económico y social y la reducción de la pobreza en los Estados miembros, así como las desigualdades entre regiones, países y áreas. Por lo tanto, esta debe: garantizar la seguridad alimentaria de la población rural y urbana de África Occidental; reducir la dependencia de las importaciones de alimentos, dando prioridad a la producción de alimentos; favorecer una integración económica y comercial justa de las explotaciones agrícolas en el conjunto de los mercados; desarrollar las capacidades humanas, crear puestos de trabajo e ingresos seguros en las diferentes etapas de la producción y contribuir al desarrollo de los servicios en las zonas rurales, a fin de mejorar las condiciones de vida de las poblaciones; garantizar una intensificación de los sistemas de producción adaptada a los diferentes contextos agroecológicos, para asegurar el crecimiento de la producción; ayudar a reducir la vulnerabilidad de las economías de África Occidental y a limitar los factores de inestabilidad y de inseguridad regional; contribuir a dotar de los mecanismos de financiamiento adecuados a la agricultura de África Occidental. Así el ECOWAP se basa en tres líneas de acción: el aumento de la productividad y la competitividad de la agricultura; la aplicación del régimen de comercio intracomunitario; y la adaptación del régimen de comercio exterior.




Con algunas diferencias, las relaciones hombre/mujer en los subsectores de la producción, tales como la agricultura, se caracterizan por una alta desigualdad y disparidades de género. La repartición tradicional de los roles de hombres y mujeres se encuentra al origen e incluso es una de las principales causas de la desigualdad en el acceso de hombres y mujeres a los recursos y a su control y al comportamiento diferenciado de los géneros en la actividad de producción agrícola. Los sistemas agrícolas están dominados y regidos en la mayoría de las empresas de Burkina Faso e incluso en la subregión de África Occidental, por un sistema patriarcal predominante, donde las mujeres y los niños simplemente son considerados como activos productivos o como una mano de obra no remunerada que no participa en la toma de decisiones. A nivel nacional y subregional, es importante que los Gobiernos y la UEMOA/CEDEAO armonicen sus políticas y vuelvan a subir de forma inmediata el AEC, introduciendo una banda arancelaria del 50% para la protección de productos agrícolas sensibles (semillas de algodón, tomate, leche, arroz, carne…), incluso antes de la finalización de las negociaciones sobre los Acuerdos de Asociación Económica. Esto podría producir un despegue de las unidades agroindustriales nacionales y reducir así la vulnerabilidad de las poblaciones pobres, principalmente las mujeres productoras agrícolas.