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Biodiversidad agrícola

La biodiversidad agrícola o agrobiodiversidad implica una diversificación de las producciones y una apertura a una amplia variedad de especies de animales y plantas, cultivadas o criadas. Existe una definición en la Decisión V/5 de la Conferencia de las Partes del Convenio de Río sobre la Diversidad Biológica (CDB, 1992). Esta abarca, en general, “todos los componentes de la diversidad biológica pertinentes a la alimentación y la agricultura” y, más específicamente, “las variedades y la variabilidad de animales, plantas y microorganismos en los niveles genético, de especies y de ecosistemas que son necesarios para mantener las funciones principales de los ecosistemas agrarios, su estructura y procesos”. La Decisión afirma, además, que “la diversidad agrícola es esencial para satisfacer las necesidades humanas básicas de alimentación y para la seguridad de los medios de vida”.
Actualmente, la biodiversidad agrícola está amenazada de forma significativa en el mundo. En efecto, existe una tendencia creciente a concentrar la producción de alimentos sólo en unos pocos cultivos e, incluso, a practicar los monocultivos en ciertos territorios. Se observa también una pérdida progresiva de la diversidad genética de los cultivos, así como la disminución de las especies silvestres (polinizadores, plagas, roedores, depredadores del ganado, etc.) y de la población orgánica del suelo y, en general, de toda la flora y la fauna de los ecosistemas agrícolas. Si esta disminución de la agrobiodiversidad no solo está relacionada, por ejemplo, con el uso de productos químicos en la agricultura moderna o si es también el resultado del fenómeno del cambio climático, lo que resulta trascendental es el perjuicio para la Humanidad y que el objetivo de la seguridad alimentaria requiere la protección desde la perspectiva jurídica.



Por supuesto el Convenio de Río tiene en cuenta este aspecto de la biodiversidad, pero no profundiza en él. En realidad, es el trabajo de la Conferencia de las Partes del CDB que debe ser examinado para ahondar sobre el punto. De esta forma, la Decisión V/5 adoptada en Nairobi en 2000, contiene un plan de trabajo que está enteramente dedicado a la problemática. El texto describe un programa que contiene cuatro elementos: evaluaciones, gestión flexible (“adaptable”), creación de capacidad e incorporación.
El objetivo de la campaña de evaluación es llevar “un análisis completo de la situación y tendencias de la diversidad biológica agrícola del mundo […], así como de los conocimientos locales de su gestión” y compartir esta información entre las Partes. La gestión adaptable busca, por su parte, elaborar un inventario de métodos de producción y de prácticas de gestión que tengan un impacto positivo en los ecosistemas agrícolas, que mejoren la productividad y que desarrollen medios de subsistencia.

Por otra parte, la Conferencia de las Partes busca también fortalecer las capacidades de los agricultores, de las comunidades autóctonas y locales y de sus organizaciones “para administrar de manera sostenible la diversidad biológica agrícola de modo de aumentar sus beneficios, y promover la concienciación y medidas responsables”. Por último, se alienta una política de integración, que conduzca a los Estados a establecer estrategias nacionales o regionales que incorporen la protección de la biodiversidad agrícola y la promoción de su uso sostenible.

Este programa se complementa con otras tres iniciativas internacionales, por ejemplo, la conservación de los polinizadores y de la biodiversidad del suelo (Decisión VI/5).

El programa fue revisado en su totalidad en la 9ª reunión de la Conferencia de las Partes (Bonn, 19-30 de mayo de 2008). Se constataron algunos avances en esa ocasión, pero se reconoció que aún queda mucho por hacer para lograr una agricultura sostenible. El punto débil de este programa era que el progreso real dependía de la definición y ejecución de planes a nivel nacional. La Conferencia ha fomentado un acercamiento entre la Secretaría del CDB y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), ha instado a los Estados a asociar más estrechamente a las comunidades autóctonas y locales en el desarrollo e implementación de los planes de acción nacionales y para garantizar el respeto, la preservación y el mantenimiento de los conocimientos, las innovaciones y las prácticas agrícolas. Del mismo modo, se apoya el acceso y la transferencia de tecnologías que contribuyan al desarrollo de prácticas agrícolas sostenibles (Decisión IX/1).




A pesar de estos esfuerzos, la biodiversidad agrícola, que es un “activo vital para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio” (en palabras de la Decisión IX/1), sigue estando seriamente amenazada. Ella necesita de más atención y, lo más importante, de una protección jurídica eficaz. La Declaración de Córdoba sobre la Biodiversidad Agrícola en la Lucha Contra el Hambre y Frente a los Cambios Climáticos, adoptada en el marco de las Naciones Unidas en septiembre de 2010, va en esta dirección. Contiene una serie de recomendaciones destinadas, en particular, a fortalecer la relación entre instancias internacionales, invitándolas a establecer acciones conjuntas y a apoyar más a los pequeños productores, que son los principales actores en la conservación de la biodiversidad agrícola.




Bibliografía sugerida:  CETIM (1994), La propriété intellectuelle contre la biodiversité ? Géopolitique de la diversité biologique, Publicetim, n° 35;  COMMISSION EUROPEENNE, Plan d’action en faveur de la diversité biologique dans le domaine de l’agriculture, COM(2001) 162 final;  FRISON, E. (2005), La biodiversité agricole : aider le monde à atteindre les Objectifs du Millénaire pour le développement, Paris, éd. Museum national d’histoire naturelle.

MIGUEL ÁNGEL MARTÍN LÓPEZ

Véase también:AgriculturaBiodiversidadBiotecnologíasSeguridad alimentariaTratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura.