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Agricultura integrada

La agricultura (o producción) integrada es una iniciativa vinculada al concepto de desarrollo sostenible. Esta iniciativa tiene como objetivo la reducción en el uso de los insumos dañinos para el ambiente, al mismo tiempo que busca mantener la productividad de las explotaciones agrícolas. La agricultura integrada se refleja en el empleo de medios técnicos y agronómicos, preventivos o curativos, cuyo uso evita o disminuye el recurso sistemático a las sustancias químicas de síntesis, plaguicidas y antiparasitarios, así como en la aplicación de la rotación de cultivos. Los sistemas agrícolas son modificados para enfrentar de otras maneras las dificultades (enfermedades, plagas…) típicas de las producciones agrícolas.



El término “agricultura integrada” se prefiere a aquellos de “lucha”, “gestión” o de “protección integrada”, impulsados por la Organización Internacional de Lucha Biológica e Integrada contra los Animales y las Plantas Nocivas, desde la década de 1970. En el plano jurídico, una directiva de la Unión Europea (Directiva “Plaguicidas”, nº 2009/128 de 21 de septiembre de 2009) hace referencia, sin embargo, al concepto de “gestión integrada de plagas.” Ella lo define como “el examen cuidadoso de todos los métodos de protección vegetal disponibles y posterior integración de medidas adecuadas para evitar el desarrollo de poblaciones de organismos nocivos y mantener el uso de productos fitosanitarios y otras formas de intervención en niveles que estén económica y ecológicamente justificados y que reduzcan o minimicen los riesgos para la salud humana y el medio ambiente. La gestión integrada de plagas resalta el crecimiento de un cultivo sano con la mínima alteración posible de los agroecosistemas y promueve los mecanismos naturales de control de plagas”.

De reciente creación (último tercio del siglo XX), el concepto de agricultura integrada se encuentra principalmente en un marco experimental. Está presente en diferentes regiones del mundo. Los Estados y las instituciones internacionales lo ven como una herramienta de la política del desarrollo sostenible. Esto ha conducido a la aparición de un conjunto de normas destinadas a fortalecer el objetivo de reducir los insumos.

En este sentido, la producción agrícola integrada es apoyada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). De tal manera, existen programas específicos para Asia, Oriente Medio y África Occidental. También es un objetivo de la Unión Europea (véase, por ejemplo, la Directiva “Plaguicidas”). El concepto aparece igualmente con ocasión de los grandes debates nacionales como, en Francia, el Grenelle de l’environnement (2008).




La agricultura integrada, desde la perspectiva de la gestión integrada de plagas, se traduce en Francia en el establecimiento de un Plan Nacional de Acción para el uso sostenible de los productos fitofarmacéuticos, llamado “Ecophyto 2018” (que es impulsado por la Directiva “Plaguicidas”). Además de las acciones de formación, sensibilización e investigación y desarrollo, este plan conlleva un control periódico de todos los pulverizadores. Aunque la Directiva busca promover la gestión integrada de plagas mediante los incentivos y la información (en particular en el contexto de las autorizaciones de comercialización), el recurso a las medidas precautorias puede permitir a las autoridades administrativas francesas el favorecimiento de la protección integrada de los cultivos, cuando el uso de los plaguicidas supone un riesgo para la salud pública y el ambiente.
Factor de transición hacia una agricultura sostenible, la agricultura integrada mantiene relaciones estrechas con otros conceptos, sin llegar a confundirse con ellos. Por ejemplo, en Francia se creó en 2002 el sello de la agricultura llamada “razonada” (raisonnée). Este sello implica el respeto de un pliego de condiciones que busca, en particular, controlar los riesgos sanitarios. Si bien constituye un avance hacia la agricultura sostenible, se le considera generalmente por debajo de la agricultura integrada, en particular por cuanto ésta última da un carácter excepcional al tratamiento químico de los cultivos, en ausencia de otra solución efectiva. Del mismo modo, la agricultura integrada no es equivalente a la agricultura orgánica, en la medida en que esta última da lugar a una certificación controlada por el Gobierno, que conlleva un etiquetado distintivo e impone condiciones importantes a los operadores en término del recurso a las técnicas “convencionales” (prohibición de las sustancias químicas de síntesis, de los organismos genéticamente modificados, limitación de los insumos).




Bibliografía sugerida:  FERRON, P. (1999), Protection intégrée des cultures : évolution du concept et de son application, Cahiers Agriculture, p. 389 (consultable en línea);  LUCAS, Ph. (2007), Le concept de la protection intégrée des cultures, Innovations agronomiques, n° 1, p. 15 (consultable en línea);  VEREIJKEN, P. H., VIAUX, Ph. (1990), Vers une agri-culture intégrée, La recherche, L’actualité des sciences, n° 227, p. 22.

MANUEL CARIUS

Véase también:AgriculturaAgricultura orgánicaAsociación para el mantenimiento de la agricultura campesinaDesarrollo Sostenible.